Cuando miro el mapa político de América Latina, a menudo asumo que el color de un país garantiza que sus leyes rigen por igual en cada centímetro de su territorio. La realidad, sin embargo, presenta un escenario muy distinto.
Guillermo O’Donnell (1993) ofrece una lente implacable para leer la región: el Estado no es solo un entramado burocrático, sino también un conjunto de relaciones sociales. Y en estas latitudes, la penetración de esas relaciones es dramáticamente desigual.
El router y el sótano: una cuestión de señal
Para entender esta penetración territorial, propongo dejar de lado la burocracia por un momento y pensar en la señal Wi‑Fi de un edificio antiguo.
El router principal está en la sala de estar (la capital, el centro del poder estatal). Ahí, la señal es estable y rápida y todos navegan bajo el mismo protocolo de conexión. Esas son las zonas azules, donde impera el Estado de derecho.
Pero el edificio tiene paredes muy gruesas: barreras geográficas, abandono histórico, desigualdad estructural. Cuando llego al sótano o al rincón más alejado del jardín, la señal oficial simplemente desaparece. Esas son las zonas marrones. En este vacío, los usuarios no quedan sin conexión. Se ven obligados a colgarse de redes piratas controladas por vecinos poderosos que imponen sus propias contraseñas, tarifas y condiciones para navegar.
El Estado no desaparece mágicamente en las zonas marrones; su red es sustituida. La legalidad burocrática se desvanece para dar paso a una legalidad funcional impuesta por el actor más fuerte.
El narco: la privatización del poder
Si bajo esta metáfora se desciende al terreno empírico mexicano, el panorama resulta revelador. Basta con mirar las vastas zonas del país controladas por el crimen organizado. Aquí, la legalidad burocrática del Estado es una ficción de escritorio. La legalidad funcional —la que determina a qué hora se puede salir a la calle, quién transita y qué se vende— la ejercen actores no estatales. Se impone la «ley de la plaza».
- Dualidad normativa: Formalmente rige el derecho mexicano; en las carreteras de terracería y en los mercados locales, imperan las reglas dictadas por los cárteles.
- La hacienda paralela: Estos grupos fácticos operan un sistema de recaudación implacable mediante el «cobro de piso» a comerciantes, agricultores y transportistas, asumiendo por la fuerza la función extractiva del Estado.
- Ciudadanía erosionada: Las personas dejan de ser sujetos de derecho. Su acceso a la justicia o a la resolución de un conflicto vecinal no pasa por un Ministerio Público, sino por el arbitraje violento del jefe de plaza local.
La guerra que el Estado perdió
En otros apuntes he abordado, siguiendo la obra de Charles Tilly, cómo el Estado moderno nace como una «empresa de protección» que elimina a sus competidores para centralizar la violencia (sugiero revisar esa entrada para profundizar en la lógica de la formación estatal). Las zonas marrones de O’Donnell muestran el reverso de la moneda.
En estos territorios mexicanos, el Estado perdió la guerra de protección frente a las organizaciones criminales. El monopolio de la fuerza no es una condición estática; es un flujo geográficamente variable.
Para visualizar estas rupturas en la intensidad de la legalidad, resulta útil trazar la frontera conceptual entre ambos escenarios:
| Dimensión | Zonas Azules (Estado de Derecho) | Zonas Marrones (Estado de Hecho) |
| Normatividad | Ley estatal, universal y predecible. | Reglas locales, impuestas por el actor más fuerte. |
| Coerción | Monopolio estatal de la violencia. | Violencia privatizada, fáctica y fragmentada. |
| Condición social | Sujetos con derechos y obligaciones. | Sujetos de protección y extorsión. |
Para profundizar
Si se busca observar cómo opera esta gobernanza criminal en tiempo real, sugiero revisar el documental Cartel Land (Tierra de Cárteles) o los reportajes periodísticos sobre la extorsión a la cadena productiva del limón y el aguacate en Michoacán. Son radiografías descarnadas de lo que sucede cuando la señal del Estado se apaga.
Fuentes de consulta:O’Donnell, G. (1993). Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Desarrollo Económico, 33(130), 163-184.


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